domingo, 15 de abril de 2012

Algo sobre Botero

"El arte nace de la inconformidad en las formas estilísticas
de su tiempo y de todos los tiempos.
El verdadero artista necesita una forma de expresión diferente
y en cierta forma su importancia está en relación directa con su
inconformidad y su rebeldía.
Es por esto que el arte es una revolución permanente."

Fernando Botero(1989).

viernes, 16 de marzo de 2012

jueves, 24 de noviembre de 2011

Arte en construcción

Arte y artistas, constructor y constructores.
Si tenemos disposición y destreza con el uso de la virtud en el quehacer; podemos decir que estamos haciendo Arte. A esto se agrega la acepción hacia la búsqueda de la estética y esta como el estudio de la esencia y percepción de la belleza.
He escuchado demasiadas veces que la belleza es subjetiva o que está en el ojo de quién la mira… Yo veo aquí dos frases que si bien parecen decir lo mismo no lo hacen.
Por un lado, decir que la belleza es subjetiva puede llevarnos a pensar hacia dos corrientes, la primera hacia un capricho dogmático: Está bonito o feo por que yo digo. La segunda es usar el término subjetivo como lo opuesto a lo objetivo, es decir al objeto exterior. Esto nos va dando alguna clave de donde está la verdadera belleza.
Por otro lado hablar del ojo de quien la mira, nos invita a reflexionar en nuestra capacidad de percepción, así como de las limitantes internas construidas durante el transcurso de nuestra vida.
La belleza proviene de lo que es puro y sin mancha, es un resplandor que nos lleva a apreciar todas las obras tanto naturales como artificiales, ya sea en los seres como en las cosas.

Cito un breve texto del diálogo Fedro de Platón:
“De la justicia, pues, y de la sensatez y de cuanto hay de valioso para las almas no queda resplandor alguno en las imitaciones de aquí abajo, y sólo con esfuerzo y a través de órganos poco claros les es dado a unos pocos, apoyándose en las imágenes, intuir el género de lo representado. Pero ver el fulgor de la belleza se pudo entonces, cuando con el coro de bienaventurados teníamos a la vista la divina y dichosa visión, …” (Platón- Fedro)
Entonces me pregunto: ¿La belleza es un término que se usa de un modo tan simplón como lo hemos escuchado miles de veces?, ¿A caso proviene de esta materia cruda? ¿O no será que para encontrarla debemos trabajar un poco mas, desbastar mas profundo?
El acto creador lleva implícita la posibilidad de construcción y destrucción, el hacer y deshacer, el formar y deformar. Del mismo modo, el artista, en un ritual de transformación en co-creación, hace uso de ese mismo poder valiéndose de todas las formas a su alcance en la búsqueda de un fin superior.
Decía Kandinski:
“Si el artista es el sacerdote de la belleza, ésta debe buscarse según el mencionado principio de su valor interior”. (W. Kandinski – De lo espiritual en el arte)
El artista transforma los materiales, forzándolos a vivir, les imprime esa fuerza que fluye a través de si mismo, desde el autoconocimiento se libera en la autoexpresión. Es ahí donde confluyen las fuerzas integradoras que abren la conciencia, de lo trivial a lo sagrado, volviendo el Arte en Arte verdadero
Renunciar a la belleza habitual, el rechazo de la belleza exterior nos abre un horizonte antes no visto y de tal forma nos brinda la posibilidad de encontrar la belleza interior representada en el alma.
Todos contamos con la posibilidad de ser sublimes artistas de esta gran Obra, solo que algunos aún no nos damos cuenta.
Enrique Walbey
Escultor

martes, 4 de octubre de 2011

"ENCONTRANDO AL HUMANO" por Ariosto Otero - Muralista

Encontrar en el volumen escultórico humano de Enrique Walbey el sentimiento del noble Escultor, nos acerca al pasado y nos pone en el presente.
El drama de la humanidad, la gesta por donde hemos transitado y recorrido la existencia. eso, es lo que podemos descubrir en cada una de sus piezas.
Su escultura nos coloca en diferentes ambientes; a pleno sol, bajo la lluvia, en la esperanza y en el ocaso del Ser; pero también, en el dolor.
El sentido épico de su monumentalidad nos absorbe, nos introduce dentro de su mundo tridimensional, pero, al mismo tiempo nos hace recordar la fragilidad del Ser. Son obras para la auto comprensión que al ser expuestas, en algunas ignorancias que abundan, producen el escozor de reconocerse y encontrarse a si mismos lo cual tratan de ocultar.
Es por eso que la obra de Walbey es tan nuestra y nos abraza tanto, que la sentimos con tanta intensidad.
En un mundo donde lo primordial para los imperios es la negación del ser humano, es justo que la obra escultórica humanista nos impacte, porque ya hemos sido penetrados por la transculturización. Las modas impositivas de la globalización han llevado a la humanidad por los caminos de no reconocerse a si mismos, multiplicando la ignorancia de los pueblos.
Para un auténtico escultor como Walbey, despojarse de su investidura y fundirse en los materiales de su obra con su congéneres, no es la ruta de la mayoría de los que ocupan la moda y alimentan solo el mundo de su propia egolatría escultórica, por ello también el espacio que hoy ocupa su obra.
La Lotería Nacional, la institución más antigua y benéfica de nuestro país, abre sus puertas a este gran escultor nuestro, en un gran proyecto cultural. Crear la nueva colección artística de la Lotería Nacional.
Con el donativo de la obra <Tierra y Libertad> de Enrique Walbey, la Lotería Nacional inicia la nueva colección artística de esta benemérita institución, hoy rescatada del olvido por su Director General, Benjamín González Roaro, para continuar el camino de la esperanza de un mejor porvenir en cada uno de los que tenemos la ilusión de ser cobijados por la diosa fortuna; y cuando no, esperamos que los pocos recursos, si es que le queda alguno después del despojo de la que es sujeta, puedan servir para aliviar las necesidades de muchos mexicanos: así mismo, la Lotería abre el recinto, para que nuestros artistas expongan su obra dignamente bajo el auspicio de la institución y en un orden regulador para que el espacio sea uno más de altísima calidad abierto al arte universal.
Enhorabuena para el inicio de esta colección con Enrique Walbey, enhorabuena para la Lotería Nacional.

Ariosto Otero  
Muralista
Octubre del 2011

jueves, 29 de septiembre de 2011

Extravíos y guías del Espíritu.



En nuestra mente antropocéntrica, 
hemos recopilado 
pequeños fragmentos de conocimiento 
que nos guían por senderos de locura y negación. 
Vagamos como almas extraviadas 
buscando la Esencia hurtada de nuestra existencia.

En nuestra condición  humana 
nos vemos empequeñecidos y arrastrados 
en un infierno de soledad y desesperanza.  
Y de este modo nos disponemos a mantener una guerra 
contra el sufrimiento en batallas interminables 
cuerpo a cuerpo, alma con alma.

Gota a gota  el llanto  se brinda al manantial de vida 
sublimando el dolor en un breve asomo de voluntad, 
así, somos guiados hacia un resplandeciente  trecho 
por el camino de la autenticidad.

Enrique Walbey




sábado, 10 de septiembre de 2011

Esencialismo 1



En una búsqueda de la Divinidad, el Ser humano
se esfuerza en reencontrarse con la Esencia interior
que le fue hurtada.
Para lograr enfocarse en este interior,
deberá eliminar los elementos de distracción, que impiden
ver con claridad, nublándole la vista, velándola. 
Estos se han vuelto un yunque que
se lleva a cuestas, así como una coraza que cubre
nuestro verdadero ser.
¿Cuáles pueden ser estos elementos prescindibles?
El dogma, el fanatismo, la intolerancia, la mecanización de la mente,
el adormecimiento del Espíritu.
¿Qué es lo que le da forma a la condición humana?

Enrique Walbey


jueves, 1 de septiembre de 2011

Una temporada en el infierno (Fragmento)



Antaño, si recuerdo bien, mi vida era un festín en el que se abrían todos los corazones, en el que todos los vinos hacían torrentes.
Una noche, senté a la Belleza sobre mis rodillas. - Y la encontré acerba. -
Y la injurié.
Me armé contra la justicia.
Y escapé. ¡Oh hechiceras, oh miseria, oh aversión, es a ustedes solamente que confié mi tesoro!
Logré diluir en mi espíritu toda esperanza humana. Sobre todo júbilo, para estrangularlo,
hice el salto cauteloso de la bestia feroz.
Llamé a los verdugos para morder la culata de sus fusiles mientras perecía. 
Llamé a los flagelos para ahogar con arena, la sangre. La desgracia fue mi dios. 
Me revolqué en el barro. Me sequé con el aire del crimen. Aposté con la locura.
Y la primavera me brindó la risa repugnante del idiota.
Pero, cuando estaba casi por decir adiós, resolví buscar la llave que me abriera las puertas del festín antiguo, donde quizás recuperaría el apetito.
La caridad es esa llave. - ¡Esta afirmación comprueba que estuve en un sueño!

                                                                                                   Arthur Rimbaud. 
                                                                                            Abril-Agosto de 1873.